¿Es tu ciudad un lugar para envejecer?”
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Piensa que invitaste a tu abuela o a tu abuelo a una actividad cultural en la Ciudad de México. No tienes auto, así que viajarán en transporte público. El recorrido empieza al caminar hacia la parada: la banqueta está en mal estado, hay un poste en medio y un coche mal estacionado. Al intentar cruzar, el semáforo cambia tan rápido que apenas alcanzan a dar unos pasos; su caminar es lento e inseguro, seguramente con apoyo de un bastón. Luego, para abordar el camión, los escalones son altos y el conductor siempre tiene prisa. Ya en el recinto cultural, encuentras rampas, pero para llegar al asiento asignado todavía hay que subir escaleras y atravesar pasillos estrechos. Entonces surge la pregunta: ¿la ciudad y su arquitectura son incluyentes? La respuesta, casi siempre, es no.
Ese es el tema de este texto: la relación entre las personas mayores y los espacios que habitamos y recorremos. No hablamos solo de arquitectura o de ciudad; hablamos de dignidad, de derechos y de la posibilidad de vivir con calidad en todas las etapas de la vida.