Las personas adultas mayores enfrentan diferentes retos, uno de ellos es la brecha digital que limita su desarrollo, bienestar y calidad de vida. En tiempos donde estar conectadas resulta una necesidad, la población de 60 y más años requiere de infraestructuras suficientes, adaptadas y ajustadas a sus necesidades, intereses y preocupaciones. Como migrantes digitales, las vejeces requieren de alternativas de formación que les permitan adquirir herramientas básicas digitales para favorecer su autonomía, atender el aislamiento y la soledad, así como para gozar de sus derechos y participar activamente dentro de los ecosistemas digitales y sociedades de la información.
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